Efraín Huerta. Donde la Locura
Por: Miguel Angel Burgos Gómez
julio 24, 2022
“Creo que cada poema es un mundo. Un mundo y aparte. Un territorio cercado, al que no deben penetrar los totalmente indocumentados, los huecos, los desapasionados, los censores, los líricamente desmadrados. Un poemínimo es un mundo, si, pero aveces advierto que he descubierto una galaxia y que los años luz no cuentan sino como referencia, muy vaga referencia, porque el poemínimo está a la vuelta de la esquina o en la siguiente parada del Metro. Un poemínimo es una mariposa loca, capturada a tiempo y a tiempo sometida al rigor de la camisa de fuerza. Y no lo toques ya más, que así es la cosa. La cosa loca, lo imprevisible, lo que te cae encima o tan sólo te roza la estrecha entendedera —y ya se te hizo.
En este momento justo, me doy cuenta de que no he hecho ninguna cita: ‘Como escribió fulano’, ‘Como dijo mengano’, Como hubiera afirmado perengano’, si perengano tuviera capacidad para afirmar. Pues no, nada de citas, pese a que están ahí, o deben estar, en esos cuadernos y esas carpetas. De todo corazón, siempre he detestado las citas y los epígrafes. Hay poetas rellenos de epígrafes. Saben más de epígrafes que de poesía. Repito que los epígrafes y los textos breves de que dispongo forman una montaña, una cordillera. ¿Por qué ligo la palabra cordillera con mi admirado y queridísimo Juan Rulfo. Insisto en que son un fragabundal —vocablo que le robo impunemente a Vicente Leñero— de notas, que yo debería revisar para alargar un poco más estas necias palabras que intentan justificar lo injustificable: una autoantología caprichosa que debería irritar a muchos y que muy pocos celebrarán. “
Efraín Huerta en la presentación titulada “Donde la locura”, de la antología Transa Poética signada en México-Tenochtitlan el 31 de agosto de 1979
Ediciones Era, 1980, pp. 10-11
